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Ahorro Corporación se convierte en un grupo financiero zombi con una caída del 80% en el activo y el crédito durante la crisis

24-06-2012

El grupo Ahorro Corporación está convirtiéndose en una entidad financiera zombi a la espera de conseguir que algún extranjero entre en su capital y encuentre el rumbo oportuno. Ahorro Corporación, dirigido por Antonio Fernández y con un consejo de administración todavía no definido, pertenece a los bancos que han formado las cajas de ahorros, y a CECA, su patronal convertida también en banco. AC ha sido la entidad con una mayor caída en su negocio durante la crisis. En los últimos cuatro ejercicios, su activo ha pasado de 8.342 millones de euros a 1.874 millones de euros, lo que supone un descenso del 80% al perder la clientela propia (cajas), mientras que su capacidad de conceder crédito se ha hundido, pasando de una cartera de inversión crediticia, de 4.740 millones de euros, a menos de 670 millones de euros.

En 2011 su margen de intereses fue negativo, mientras que en 2008 ganaba 45,4 millones por este concepto. El margen bruto desciende de 152 a 97 millones, y los ingresos por comisiones netas también descalabran, de 129 a 88 millones. Con estos datos se puede considerar hasta bueno el resultado, ya que todavía el año pasado contabilizó un beneficio de 4,9 millones, frente a los 22 millones del primer año de la crisis (2008).

El patrimonio gestionado en fondos de inversión colectiva, uno de sus puntos fuertes, ha disminuido también de forma exagerada, de 9.000 millones a 5.000 millones. Las dos filiales que dan oxígeno a Ahorro Corporación, son la sociedad de valores y la gestora de fondos, y el beneficio de ambas mengua según avanza el deterioro económico. La Sociedad de Valores ganó el año pasado 14 millones, bastante menos que los 22 millones del año 2008, y la gestora apenas consiguió superar los números rojos, con un beneficio de 76.000 euros.

AC tiene pocos activos que vender a buen precio. El 3% de la aseguradora CASER difícilmente se puede monetizar si no se produce una operación de venta de la compañía de seguros o la entrada de un socio importante. En cualquier caso, la valoración de casi 1.000 millones de euros que se tomó en la venta de un 1% de hace dos años está fuera de lugar. En los fondos de capital riesgo que participa tampoco hay valor apreciable.

El grupo reconoce en su memoria del último ejercicio que  encuentra “dificultades de acceso a los mercados de financiación”,  pero “cuenta con el apoyo de sus accionistas” para seguir operando. Los accionistas de AC son en su mayoría entidades con serias dificultades para seguir en funcionamiento y que difícilmente podrán sostener a Ahorro Corporación si sigue el deterioro.  Antonio Fernández ha rebajado los costes de personal, con un descenso en esta rúbrica de casi el 30%, bajando el número de empleados, hasta 583, 128 menos que un año antes, pero todo apunta a que la sangría continuará.

En Ahorro Corporación, al igual que ha ocurrido en las cajas de ahorros se han cometido abusos muy graves, como la jubilación recibida por el ex consejero delegado, Javier Zoido, y el premior por “hito de permanencia” de otro directivo del que no se hizo público su nombre, que sumaron los 10,6 millones de euros, pagados ya en plena crisis. Igualmente censurables son las pérdidas, superiores a los 60 millones de euros, cosechadas por haber financiado a los hermanos Salazar, pendientes de un juicio en el que se les acusa de estafa en SOS, ahora Deoleo, y a Fernando Martín (Martinsa) en sus especulaciones bursátiles. De momento, nadie ha exigido responsabilidades ni devoluciones del dinero. Aunque AC asegura que ya no hay blindajes ni otras prebendas excepcionales para sus directivos,  sí mantiene una provisión de algo más de 10 millones para “retribuciones variables” que se abonan en este ejercicio, siendo esta cifra “la mejor estimación de los Administradores”.

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