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Coaching y Management. “Habilidades de liderazgo, cuestión de desarrollo”

09-03-2012

José María Garteiz*

La habilidad en el trabajo ha sido considerada tradicionalmente por los altos directivos de las empresas como la habilidad técnica para desempeñar un trabajo dentro de la organización. Esta habilidad era el sumatorio de la educación de la persona, su formación y prácticas, y su experiencia laboral, asumiendo que las habilidades interpersonales(o habilidades de liderazgo), el conocimiento del puesto de trabajo y el poder organizacional eran intrínsecas del individuo y estaban presentes.

De esta forma, cuando la empresa en la que trabajamos nos ofrece subir de categoría profesional, nos sentimos entusiasmados “¡Por fin reconocen mi labor dentro de la empresa!”. Es en este momento cuando la empresa reconoce que el empleado conoce todos los recovecos y canales ocultos de la organización; y que además tiene una red de contactos a quienes llamar para poder hacer las cosas, no sólo en la propia organización, sino en las empresas de los clientes. El empleado sabe cómo entrar y salir, y cómo moverse en estas empresas para poder obtener los resultados esperados.

Sin embargo, si bien es cierto que la habilidad técnica es uno de los factores que muestran la habilidad para desempeñar un trabajo, asumir que el resto de factores están ya presentes en el individuo supone asumir un riesgo para la organización, ya que hay que considerar tanto las habilidades técnicas como las habilidades de liderazgo en su conjunto para poder evaluar correctamente la habilidad de una persona.

Las habilidades de liderazgo tienen que ser consideradas dentro de estos factores de habilidad porque muestran cómo una persona lidera a sus subordinados; cómo trata con sus superiores; y cómo desarrolla relaciones duraderas con los compañeros, clientes o proveedores.

Las habilidades de liderazgo que se suelen buscar en las personas son: crear visión, conseguir adhesión, llevar la visión a la práctica, hacer un seguimiento, conseguir resultados o conseguir la actuación en equipo. Desafortunadamente no todas las personas tienen desarrolladas estas habilidades al cien por cien cuando acceden a su nuevo cargo. Incluso las más aventajadas adolecen de alguna de ellas.

El no tener desarrolladas las habilidades de liderazgo al acceder al nuevo puesto de trabajo hace que esta carencia inicial se pueda ver compensada con la autoridad que otorga el cargo dentro de la organización. Mandar es sencillo, basta con tener la autoridad suficiente y un grupo de personas a quienes decir lo que tienen que hacer en cada momento. De hecho, las personas que no tienen desarrolladas sus habilidades de liderazgo pueden llevar a buen término los proyectos que les han sido encomendados con tan solo tener su bastón de mando.

La buena noticia es que podemos aprender a ser líderes y despojarnos de esa percepción de autoridad y mando que podemos desprender en nuestro entorno laboral. Para ello debemos desarrollar nuestras habilidades de liderazgo a través de la formación y el entrenamiento diario en aquellas competencias que defina nuestra organización para un líder.

El desarrollo de estas habilidades es beneficioso para el crecimiento profesional, pero también para el desarrollo personal, ya que no sólo mejorarán las relaciones con los clientes y compañeros, sino también con la pareja, los familiares y amigos. El desarrollo de las habilidades de liderazgo no puede quedar restringido al ámbito laboral, ni tampoco lo pueden limitar creencias como “es que yo soy así”.

*Ingeniero, consultor y fundador de Garaster Consulting

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