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El escándalo de blanqueo de capitales de HSBC deja en entredicho al exclusivo grupo Wolfsberg, en el que milita el Santander

19-07-2012

El último caso conocido de blanqueo de capitales a gran escala, por el que HSBC se enfrenta a una previsible multa de más de 1.000 millones de dólares por parte del Gobierno de Estados Unidos, por haber lavado dinero del narcotráfico y operado con países como Irán (16.000 millones en seis años), ha dejado claro que los controles de la banca en esta materia son poco efectivos y puesto en evidencia, una vez más, la farsa en que el historial delictivo ha convertido al denominado Grupo de Wolfsberg, al que pertenece, creado hace 12 años por igual número de bancos para establecer los principios de lucha contra la corrupción y el blanqueo de capitales.

Este grupo de presuntos abanderados contra la corrupción, en el que uno de los fundadores es el Banco Santander, que preside el inmaculado Emilio Botín, tiene un historial muy poco presentable justo en la materia de la que presumen. Los bancos suizos que integran el club Wolfsberg, UBS y Credit Suisse, han sido  sancionados gravemente. UBS fue acusado y denunciado el año pasado por haber facilitado el blanqueo de dinero obtenido corruptamente por el político malayo, Musa Aman, a través de sus oficinas de Hong Kong. Así mismo, UBS ha tenido que entregar a Estados Unidos una lista limitada de los ciudadanos estadounidenses a los que facilitó la evasión fiscal. Dirigentes del banco han estado sin viajar a Estados Unidos por temor a ser detenidos con motivo de este asunto, todavía no zanjado a pesar de haber pagado el banco helvético casi 800 millones dólares.

Credit Suisse pagó 536 millones en 2010 a Washington por haber realizado operaciones con Irán, y las autoridades brasileñas arrestaron a empleados del banco en una operación antiblanqueo en Río. El banco francés Societé Générale tuvo que acordar con la FED y el estado de Nueva York una serie de medidas pare reforzar el área de control del blanqueo, y fue multado por el regulador británico por informar mal de las operaciones bancarias realizadas.

El alemán Deutsche Bank ha sido sometido a una investigación por el regulador financiero de Alemania, BaFin, por los negocios realizados con el político malayo, ministro y jefe de Estado de una de las provincias, Abdul Taib Mahmud, multimillonario acusado de corrupción y nepotismo.

Entre los americanos integrantes de la selecta asociación, JP Morgan ha tenido que pagar 88 millones de dólares por operar con Cuba, Sudán, Liberia e Irán, entre otras acusaciones. Goldman Sachs apareció tras la caída de Gadafi en Libia como uno de los bancos que gestionaba el dinero libio, bastante mal por cierto, junto a SocGen y HSBC. A Citigroup, uno de los organismos de control de Estados Unidos, OCC, le prohibió recientemente ofrecer productos “remotos” por haberse convertido en un coladero para el blanqueo, y Japón le exigió un cambio radical de su gestión y fortalecer los departamentos que controlan la procedencia del dinero.

Barclay’s ha sido apuntado como la lavadora de Teodorín Obiang, el hijo corrupto del tirano de Guiena Ecuatorial, y pagó 300 millones de dólares en Washington por haber operado con Irán. El Bank of Tokio-Mitsubishi es el que mejor mantiene el tipo, después de ser sometido a una cuarentena por las autoridades estadounidenses entre 2006 y 2008.

Respecto al Santander, poco se puede aspirar en comportamientos morales y lícitos de un banco cuyo presidente, Emilio Botín, ha ocultado al Fisco desde que es mayor de edad una fortuna en Suiza y sigue en el machito y predicando. Según una investigación de un subcomité del Senado de Estados Unidos, el presidente de Guinea, Teodoro Obiang, era el beneficiario de una cuenta en el banco de Botín, a nombre de Kalunga Company, que había recibido transferencias de 26 millones de dólares en tres años, procedentes de la cuenta de petróleo de Guinea. Según la querella presentada por la Asociación Pro Derechos Humanos de España, el Santander se negó a informar sobre esa cuenta acogiéndose a la legislación española. El  Banco Santander asegura en su último informe de Gobierno Corporativo que dispone de un equipo de 508 empleados para combatir esta lacra.

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