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El ministro de Finanzas de Ecuador subraya que no se reestructurará la deuda

27-11-2017

E n estas últimas semanas se ha convertido en una de las figuras del Gobierno más observadas y cuestionadas, pero a Carlos de la Torre eso lo tiene sin cuidado; se mantiene en su posición de seguir defendiendo preceptos del proyecto de reactivación económica. En Guayaquil, en un día marcado por reuniones que se desarrollan contra reloj, hace una pausa para decir que se siente “tranquilo” y que confía en las estrategias que se delinean para solucionar problemas tan álgidos como el pago de una deuda que asciende a los $ 57.000 millones y de la que, ha dicho, Ecuador tiene la capacidad financiera y la voluntad política para cumplir.

– ¿Qué se siente ser uno de los hombres más criticados de este Gobierno?

– Yo estoy tranquilo. He asumido con tranquilidad el cargo que tengo, estoy consciente de la responsabilidad que tengo y de la incidencia que tienen mis acciones, mis decisiones.

– ¿Qué ha sucedido en torno a este proyecto que fue presentado por el frente económico del cual usted es parte? Ha recibido tanto rechazo, a tal punto de que hay quienes piensan que se lo ha presentado como una estrategia de conspiración en contra del actual Gobierno.

– La economía va siempre de la mano de la política, nunca va a poder separarse. Esto deriva en que así como en el ejercicio de la economía hay elementos políticos, en la perspectiva de los agentes también existe un componente ideológico muy fuerte en relación a cuál debe ser el manejo económico. Y claro, esto suscita elucubraciones como estas, especulaciones, ataques que no necesariamente están enmarcadas en lo técnico sino en lo político, porque hay conflictos de intereses de ciertos sectores que se sienten afectados por estas nuevas reformas. Que son muy pocos.

 (Hasta el jueves pasado) A este proyecto se le han aplicado 149 enmiendas…

– Yo creo que debemos volver todos los ecuatorianos a tener una perspectiva de lo que es vivir en una sociedad democrática y este es un ejercicio claramente de eso. Hubo un planteamiento que evidentemente fue formulado bajo una perspectiva técnica, pero en el momento en que se socializa está bajo el análisis de otras perspectivas políticas, sociales, expectativas de diversos agentes. Pero la tranquilidad que tenemos es que quienes se sienten afectados no son las grandes mayorías.

– Pero es un sector como el productivo, conformado por grandes y medianas empresas, sobre las cuales se sostiene gran parte de la economía…

– Veamos si son fuertes. Tienen un poder económico pero no son ni siquiera la mayoría. Las grandes empresas solo generan el 30 % del empleo y son las que más utilidades han obtenido en los últimos años, pero que no quieren colaborar con el desarrollo del país. En un momento como el que vivimos es necesario impulsar el bienestar de los ecuatorianos, especialmente de los que menos tienen.

 Tras el cambio del frente económico, ¿se modificarán algunas de las metas?

– Nos mantenemos en lograr, en uno o dos años, tasas de crecimiento sostenido del Producto Interno Bruto mayores al 2,5 %. Esperamos que la economía pueda desenvolverse con niveles inflacionarios reducidos, un superávit de la balanza comercial de al menos $ 1.000 millones y una meta del cierre del déficit fiscal que, en un horizonte de 4 años, nos permita llegar a 1 % del PIB con la consecuente reducción de la deuda pública de Ecuador.

 Mientras tanto afuera inversionistas, aseguradoras ubican al país en riesgo de pago. ¿Cómo han tomado estas advertencias?

Son una falsa alarma. Hay que reconocer que el nivel de endeudamiento público, que ya alcanza los $ 57.000 millones, es alto, pero Ecuador está en capacidad financiera y tiene la disposición política de cumplir esos compromisos.

¿Qué se está haciendo para bajar esa deuda pública? Una de las preguntas que se siguen haciendo algunos expertos económicos es: por qué este Gobierno no ha iniciado una reestructuración…

– Yo diría que en realidad no son expertos. En nuestra situación como país no podemos hablar de reestructuración. Se hace eso cuando el deudor ya no tiene ninguna posibilidad de pagar. Eso tendría un costo gigantesco. Significaría que estamos próximos a dejar de pagar la deuda y ahí sí sería un anuncio de default y eso significaría que se nos cierren los mercados internacionales.

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