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Opinión

El mito del banquero central

06-09-2012

Los responsables de los bancos centrales de todo el mundo gozan hoy de un enorme poder, reconocimiento y atención pública. El impacto de las medidas que toman o incluso que simplemente anuncian tirándose un farol es todavía inmenso.

No obstante, su actuación apenas está sujeta a supervisión y, en uso del tradicional privilegio de la clase política dirigente, se encuentran cómodamente exentos de responsabilidad en caso de negligencia o error aunque sus equivocaciones puedan arrastrar un país a la ruina. Sin duda, para ellos esta es su época dorada. Todo comenzó un domingo 15 de agosto de 1971. El entonces presidente de EEUU Richard Nixon se dirigió a sus conciudadanos con su gravedad acostumbrada: “Los especuladores han declarado una guerra total al dólar americano (…)”; para defenderlo, “he ordenado al Secretario (del Tesoro) Connally que suspenda temporalmente la convertibilidad del dólar (en oro)”. Artículo completo.

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