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Latinoamérica

El presidente de Colbún, Bernardo Larraín, niega la corrupción en Chile

19-05-2015

“Chile no es un país corrupto. Ni en la política ni en la empresa”, declara a El Mercurio , Bernardo Larraín, presidente de Colbún (en la imagen con la presidenta Bachelet). Convertido en el miembro más público del grupo Matte, Bernardo Larraín Matte ha ido tomando posiciones en el escenario empresarial y gremial. El presidente de Colbún es además vicepresidente de Icare y, desde hace algunas semanas, consejero de la Sofofa, gremio dentro del cual apoyó públicamente la fallida candidatura de Andrés Navarro. A su juicio, la participación activa en el debate público es fundamental. Con esa premisa, en esta entrevista aborda los principales desafíos del mundo empresarial y desde luego, del nuevo gabinete, cambio que valora positivamente, aunque advierte que enfrenta muchos retos.

También baja los decibeles respecto de los casos de financiamiento ilegal a campañas políticas e incluso insta a no temerle a una reforma constitucional, porque a su juicio el debate abre una oportunidad para validar conceptos que han sido decisivos en el éxito económico de Chile.

-¿Qué evaluación tiene del cambio de gabinete? ¿Cumplió sus expectativas?

“El gabinete enfrenta desafíos relevantes y para esos desafíos hay ciertas señales y tonos que me parecen promisorios”.

-¿Cuáles, por ejemplo?

“En lo político, incentivar el diálogo y el acuerdo. Y en lo económico, poner en el centro el crecimiento, la productividad y la inversión de una forma que revalida la injustamente alicaída tecnocracia combinada con el necesario conocimiento de los mercados de capitales globales. Por supuesto que sin desmerecer las necesarias capacidades políticas en la gestión económica”.

“Con esto de poner al centro el crecimiento, la productividad y la inversión no quiero decir que haya que dejar de lado los desafíos como enfrentar la desigualdad de oportunidades y de acceso a bienes públicos como la educación y la salud. No solo son conceptos compatibles, sino que el crecimiento, la productividad y la inversión son un requisito esencial para que las reformas destinadas a enfrentar la desigualdad en Chile sean sustentables en el tiempo”.

-¿Cree que las expectativas económicas mejorarán con la llegada de Rodrigo Valdés a Hacienda y Burgos a Interior?

“Las señales son promisorias. Sin embargo, es más relevante esperar los hechos, las acciones”. “Cuando hablaba de los desafíos que debe enfrentar el nuevo gabinete, uno central es fortalecer la debilitada articulación entre la mirada política del Ministerio del Interior, la mirada económica de Hacienda y la mirada de los ministerios sectoriales. Y esta articulación es necesaria pensando en dos grandes desafíos. El primero, la agenda legislativa. Más allá de las reformas más visibles como la laboral, hay muchas iniciativas en la agenda legislativa sectorial donde es necesaria esta articulación. Es importante incorporar la mirada de Hacienda sobre los impactos y oportunidades que dichas iniciativas representan para la inversión y el crecimiento. Y, segundo, tan importante como eso es la concurrencia de Interior, para darle a esa mirada económica un piso político con los parlamentarios y un piso regional con intendentes y gobernadores”.

-¿En qué, concretamente?

“Por ejemplo, la ley que crea los servicios de biodiversidad o áreas protegidas, que recogiendo un legítimo y compartido interés de la sociedad por preservar áreas ricas en biodiversidad, pueda generar espacios de indefinición para las decisiones de inversión. O la ley de descentralización, que haciendo eco del loable esfuerzo de las regiones de darse su vocación productiva puede desembocar en la paradoja de limitar las zonas para hacer inversiones de interés nacional, como puertos o centrales eléctricas. Todos son proyectos que tienen objetivos legítimos y compartidos, pero que deben ser equilibrados con el objetivo permanente de incentivar las inversiones y el crecimiento”. “Se debe reimpulsar la iniciativa que se lanzó hace un año para destrabar proyectos de inversión”

-¿Qué le falta al gobierno de la Presidenta Bachelet para retomar el crecimiento?

“Como antes dije, poner la articulación económica, política y sectorial al servicio de la extensa agenda legislativa del Gobierno. También se debe poner esta articulación al servicio de reimpulsar la iniciativa que se lanzó hace un año para destrabar proyectos de inversión. Más allá de los permisos ambientales y sectoriales que muchos de esos proyectos ya tienen, cada uno de estos proyectos está en un entorno complejo y desafiante -comunidades, ONG, líderes locales, políticos regionales- y no es razonable pensar que este entorno puede ser gestionado solo por la empresa o por un ministerio sectorial. La referida articulación es relevante”. “En el muy sobrealudido concepto de la colaboración público-privado, se requiere más acción que declaración”.

-¿Faltó diálogo con el ex ministro Arenas?

“Primero: uno tiene que sacarse el sombrero ante las personas que se dedican al servicio público y la política; es un rol duro y demandante. Y segundo: “otra cosa es con guitarra”. Cuando opino de una persona en un rol público, trato de tener presente estas dos cosas, pero habiendo dicho eso, me parece que en el diseño inicial político-programático de la Nueva Mayoría, y transversalmente en el mundo político, se bajó la preponderancia del crecimiento, la productividad y la inversión. No me parece justo atribuirle al ex ministro Arenas esta menor preponderancia”. Casos Penta, Caval y SQM: No hay que caer en el conveniente “todos lo hacían”

-¿Cómo han afectado los casos Penta, Caval, SQM, a las empresas y al país?

“Yo no voy a ser parte de la estridencia acusatoria y excesivamente autoflagelante. Chile no es un país corrupto. Ni en la política ni en la empresa la corrupción es un problema masivo y estructural. No por eso debemos minimizar un problema que es serio. Un paso necesario, pero no suficiente, para recuperar la confianza, es un statement del mundo político de reconocimiento y verdad, pero que no caiga en el conveniente “todos lo hacían”. Porque no es así. Solo luego la política podrá volver a lo suyo: entre otras cosas, a empujar la agenda de probidad”.

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