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El Sahara es un nido de corrupción y terrorismo, según Carnegie Endowment for International Peace

13-06-2013

Corrupción y terrorismo van de la mano en el Sahara un territorio plagado de una débil gobernanza y redes delictivas transnacionales. Los grupos radicales, como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), son capaces de explotar la inseguridad y la discriminación étnica en el caso de los tuareg. Es la conclusión de los analistas de Carnegie Endowment for International Peace, que se define como el primer think tank del mundo. En su informe no aportan datos sobre el papel de España ni las reivindicaciones de los saharauis, apoyadas por la Fundación Robert Kennedy.

“El desafío de la seguridad en el Sahara es una mezcla extraña de problemas, incluyendo una gobernanza débil y una frontera porosa que ha permitido a los grupos radicales como Al Qaeda encontrar un refugio seguro”, es el diagnóstico de Frederic Wehrey, analista senior para Oriente Medio de Carnegie Endowment for International Peace.  “Los problemas internos son la incapacidad institucional y la corrupción generalizada, así como los problemas étnico-nacionales y económicos. Estos problemas internos están entrelazados con los problemas externos como los grupos terroristas transnacionales y organizaciones criminales”, subraya Boukhars Anuar. Ambos son coautores de un libro que analiza la inseguridad en la zona.

La comunidad internacional tiene que centrarse en el fortalecimiento del aparato coercitivo del Estado, además hay que insistir en la aplicación del Estado de Derecho y el control civil de los militares.  La ayuda externa debe estar vinculada este objetivo. Los Estados Unidos no pueden dispensar grandes cantidades de dinero y material a los países que no demuestran voluntad.  Es la reflexión que lanzan estos analistas.

En su informe advierten que hay que tener cuidado al dar la ayuda al garantizar que se canaliza a los organismos de socorro adecuados y a las ONG,s  y que no termine por potenciar y exacerbar la corrupción. Para  Wehrey  y Boukhars  en el Sahara se han dejado de lado las comunidades y grupos en las zonas rurales, y se ha institucionalizado la discriminación étnica. Lo que les hace concluir que el comportamiento con los tuareg facilita el caldo de cultivo ideal para la presencia de grupos como Al Qaeda. Los países tienen que coordinar sus acciones y tienen que compartir información de inteligencia para derrotar a lo que estos analistas califican de ‘terrorismo y delincuencia transnacional’.

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