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El supervisor mundial de la banca reclama que los accionistas y acreedores soporten las pérdidas del saneamiento

25-06-2012

La principal institución que rige las finanzas mundiales, el Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés), y que canaliza el diálogo entre los diferentes bancos centrales, promoviendo la normativa de solvencia, riesgo y liquidez de las entidades financieras, reclama en su informe anual que los accionistas, acreedores (bonistas, tenedores de preferentes y obligacionistas, entre otros) y empleados de la banca (stakeholders) deberían soportar las pérdidas asociadas con una imprescindible e ineludible limpieza de los balances de aquella. “Una medida de este tipo mejoraría la credibilidad de los compromisos oficiales de eliminar la dependencia de los bancos del apoyo gubernamental. A su vez, la pérdida de este apoyo estatal reforzaría la disciplina del mercado, e incentivaría a los inversores a prestar más atención sobre la salud financiera de los bancos”, asegura la entidad.

En la jornada bursátil de ayer se produjo un nuevo descalabro de la cotización de los bancos europeos, cuya fortaleza está más cuestionada aún tras el durísimo informe del “banco de los bancos centrales”, cuyo director es el español Jaime Caruana, Gobernador del Banco de España hasta el 2006, acusado por los inspectores de no haber frenado la burbuja inmobiliaria y el exceso de crédito, y que ahora parece actuar con la fe del converso.

El BIS, cuyas recomendaciones son sustancialmente tenidas en cuenta por las autoridades monetarias y de supervisión financiera, ataca también la política de dividendos. “La política tradicional de dividendos, combinada con inestable flujo de beneficios, socaba la capacidad de generar colchones de capital”. Los bancos, asegura la institución de Basilea han continuado con una política generosa de dividendos incluso durante los peores momentos de la crisis. “Esta práctica podría indicar que los intereses cortoplacistas de los accionistas contradicen el objetivo de reducir el riesgo de los bancos, y también reflejar las expectativas de que un rescate gubernamental siempre llegará si hay que mantener la entidad a flote”.

La receta es muy clara, capitalización y capitalización. “Para restaurar la confianza en el sector bancario, es fundamental que quienes determinan la política presionen a los bancos para que aceleren el saneamiento de sus balance, incluso utilizando fórmulas fiscales, si se puede para aliviar la presión sobre los bancos. Una vez que estos han reconocido las pérdidas de sus activos más problemáticos y se han recapitalizado, los balances son más fuertes y transparentes, y les permite acceder de nuevo a fuentes de financiación sin excesivas garantías”.

El intento de sostener a los deudores que no pueden pagar con refinanciaciones, como es el caso en España, es muy criticado por el organismo, ya que al financiar generosamente al mal pagador “distorsiona los precios” y “se consolida un mala asignación de los recursos”.

Respecto al futuro de la banca una vez superada la crisis, el diagnóstico tampoco alienta demasiado a la inversión en este sector, ya que el BIS considera que los costes de financiación serán más elevados, por las nuevas exigencias regulatorias y por los requerimientos de activos de gran calidad como garantía de financiación por parte de los bancos centrales.

A estos les advierte claramente que el rescate está produciendo una burbuja monetaria, con un crecimiento de los balances de los bancos centrales del 100% en cuatro años de crisis, cifra apabullante, y recuerda que la política monetaria laxa es fundamental para evitar la gran depresión, pero que solamente será eficaz si se equilibran los déficit fiscales públicos y la reducción de la deuda privada.

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