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Emergencia sanitaria, social y económica: las primeras medidas de Alberto Fernández como presidente de Argentina

17-12-2019

La asunción de Alberto Fernández como presidente en Argentina significó el regreso del peronismo al poder. Un hecho que quedó en evidencia desde su investidura cargada de símbolos de rápida interpretación popular. Las primeras medidas anunciadas contienen la declaración de una emergencia económica, sanitaria y social: palabras que describen el escenario recibido y que encabezan leyes que otorgan más autonomía al poder ejecutivo para llevar adelante políticas urgentes. Iniciativas que serán acompañadas por una segura reestructuración de la deuda externa, que ya representa el 90% del PIB, como reconoció el nuevo ministro de Economía. La recategorización del área de Salud como Ministerio (rango que había perdido bajo el gobierno saliente) y la creación de un Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, completan un paquete de propuestas de un gobierno que busca mostrarse atento a las demandas sociales.

“Vamos a dar vuelta una página más de la historia. A partir de hoy empezaremos a construir un tiempo en el que lo más importante va a ser el que produce y trabaja. Y vamos a desterrar para siempre a los que especulan con la timba financiera”, aseguró la primera noche como presidente desde un escenario montado frente a la Casa Rosada y ante una Plaza de Mayo colmada de expectativas. El planteamiento buscaba distanciarse de los postulados del gobierno anterior y se dirigía a los enormes acreedores heredados de esa gestión. A ellos también les había hablado en su primer discurso en funciones desde el Parlamento: “No hay pagos de deuda que se puedan sostener si el país no crece. Para poder pagar hay que crecer primero”.

“Nunca más a una justicia contaminada por servicios de inteligencia, por ‘operadores judiciales’, por procedimientos oscuros y por linchamientos mediáticos”, señaló ante la mirada de los jueces de la Corte Suprema. La oración aludía al concepto de lawfare, en boga en latinoamérica para hablar sobre el uso instrumental de los tribunales como método de persecución política. Lo escuchaba Rafael Correa, ex presidente de Ecuador, y Celso Amorim, ex canciller de Brasil durante el gobierno de Lula, recientemente excarcelado tras probarse que no había argumentos para tenerlo detenido. Pero también la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, su compañera de candidatura y ahora de gobierno como vicepresidenta, que en los últimos cuatro años vio cómo se multiplicaban las causas en su contra.

A pesar de sus fuertes definiciones, Fernández insistió en que su gobierno intentará evitar la confrontación. “Yo quiero ser el Presidente de la escucha, del diálogo y del acuerdo para construir el país de todos” destacó después de recibir el bastón presidencial de Mauricio Macri y de darse un abrazo con él. Señal que estuvo en las antípodas de la que envió la vicepresidenta, que al estrechar la mano del mandatario saliente realizó un evidente gesto de desagrado mirando a las cámaras.

Las fotos de uno y otro saludo escenificaron las diferencias entre los integrantes del binomio ejecutivo, así como también expusieron la clave del éxito de su candidatura. La suma de ambos logró unificar al heterogéneo peronismo, la principal fuerza electoral del país. De ese cuidadoso equilibrio dependerá el éxito de lo que tengan por delante, asegura Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría en diálogo con eldiario.es. “Por ahora solo hay puja por espacios de poder en el gobierno, pero no divisiones ni enfrentamientos”, puntualiza.

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