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FCC admite la delación anónima para reforzar su código ético

12-06-2012

El grupo FCC, que preside Esther Koplowitz, fue uno de los pioneros en introducir en el año 2008 un código ético al que están vinculados todos sus empleados. Sin embargo, incidentes como el ocurrido en Portland Valderrivas, gravemente sancionada este año por la Comisión Nacional de Competencia por cártel y en un expediente posterior por “haber suministrado información incompleta, incorrecta, engañosa o falsa” con motivo de la investigación del cartel en mercados de hormigón, áridos y mortero en el Norte de España, han obligado a fortalecer los códigos éticos de conducta que rigen en la empresa, según fuentes de la compañía.

Valderrivas ha recibido en total una sanción de 7 millones, de los cuales 1,3 millones de euros corresponden a la obstrucción de la labor inspectora de Competencia, y no parece que se haya producido un propósito de enmienda, ya que han recurrido esta última en los tribunales. La filial cementera de FCC está presidida desde el mes de febrero por Juan Béjar, que heredó los expedientes del anterior equipo de gestión, encabezado por el suizo germano, Dieter Kiefer, y cuenta con su propio código ético, reforzado el pasado año.

La reputación y la ausencia de buenas prácticas éticas no preocuparon demasiado a la patronal cementera, Oficemen, que no tuvo empacho en que Dieter Kiefer, a pesar de haber encabezado el cártel, ocupase la presidencia de la patronal cementera.

FCC introdujo el código ético en el año 2008 por interés de la propia presidenta, según han informado a La Celosía fuentes de la compañía. Desde entonces se han producido dos modificaciones, una en 2010 para crear una entrada única de las quejas o advertencias de los empleados, que están obligados a denunciar los comportamientos inmorales e ilegales en las operaciones del grupo. FCC considera que están entrando menos alertas de las que consideraba estadísticamente el modelo, y ha comenzado a aceptar las delaciones anónimas como base para iniciar un expediente, consciente de que los empleados temen todavía que no se salvaguarde el secreto de su identidad y no denuncian en ocasiones por temor a represalias.

En el año 2012 se ha hecho una nueva modificación para alertar de la responsabilidad penal consecuencia de los cambios en el código penal y para afinar más los principios éticos de la compañía.  La introducción del código no ha sido un camino fácil porque en algunas direcciones “se consideraba que perjudicaba al negocio y se competía en inferioridad de condiciones”, afirma uno de los responsables de su implantación. Hay que tener en cuenta que FCC trabaja en el área más propicia para la corrupción, la de la contratación pública de obras y concesiones.

Las empresas españolas han comenzado a introducir códigos éticos recientemente, sin la convicción moral necesaria, pero sí para tener una coartada frente al nuevo castigo penal de la empresa, al disponer de un reglamento de respuesta y prevención de delitos. En España apenas ningún directivo ha sido cesado por prácticas corruptas, como sobornos y cohechos, a pesar de haber salido a la luz pública innumerables casos. En contra de lo que ocurre en otros países, donde existe un importante activismo de accionistas y otros stakeholders, el coste reputacional no se considera importante por las cúpulas directivas.

El gran reto es involucrar a los accionistas y el equipo de dirección y consejo de administración en la lucha y prevención de delitos, y la interiorización de que la empresa, como cualquier otra organización, es un potencial foco delictivo. Resulta todavía impensable que en España se produzca un caso como el de Wal-Mart, el mayor comercio del mundo, en cuya junta de accionistas celebrada este mes de junio hubo una clara tendencia de voto en contra de la relección de consejeros que se habían visto salpicados por un caso de soborno ocurrido en México. Una denuncia de que Wal-Mart estaba ganando cuota de mercado en ese país por métodos inmorales e ilegales. A pesar de la evidencia de las pruebas, la cúpula de la compañía decidió evitar el escándalo más que sancionar adecuadamente a los culpables y extirpar la raíz de esos males.

Muchas gestoras de grandes fondos de inversión han comenzado a dejar de invertir en aquellas compañías con códigos éticos inapropiados. Esta es otra de las razones por las que las empresas cotizadas comienzan a moverse.

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