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Grupos armados rivales disputan el vacío dejado por las FARC en Colombia

27-04-2018

Cuando el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Rodrigo Londoño firmaron el acuerdo de paz y se estrecharon la mano para poner fin a una guerra de medio siglo, se esperaba que los habitantes de ciudades como Tumaco vivieran más tranquilos.

Diecinueve meses después, para la gente de este puerto del Pacífico en el sur colombiano resultó todo lo contrario.

Es cierto que, como estableció el acuerdo, la mayoría de los militantes de las FARC se desmovilizaron aquí y en el resto Colombia, un país del tamaño de Francia y España juntas, donde un terreno accidentado y un gobierno ausente en muchas zonas permitieron a la guerrilla convertirse en la autoridad de facto.

Pero Santos, que enfrenta una desaceleración económica al final de su segundo mandato, lucha por hacer valer la ley en diferentes regiones del país en donde los rebeldes impusieron por años su voluntad en comunidades de civiles indefensos.

A pesar de los elogios que despertó el acuerdo con las FARC, incluido el Premio Nobel que ganó Santos, la paz sigue siendo esquiva en este país de 50 millones de habitantes, que aún es el mayor productor mundial de cocaína.

Con las FARC fuera del mapa, grupos ilegales armados como la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y bandas criminales formadas por exparamilitares de ultraderecha y disidentes de las FARC luchan por los espacios dejados por la otrora agrupación rebelde: izan banderas, alistan combatientes, cobran impuestos y exigen lealtad en tierras remotas.

Y están aprovechando los medios más lucrativos que habían financiado a las FARC, desde el narcotráfico hasta la extorsión, pasando por la extracción ilegal de oro.

“Es como una caldera del diablo en donde está en ebullición, una sopa en la que se cocina todo tipo de ingredientes criminales”, dijo Juan Camilo Restrepo, hasta hace poco el jefe negociador del gobierno en las conversaciones de paz con el ELN.

“Es una puja para apoderarse de los despojos que deja en negocios y en territorios la salida de las FARC”, explicó.

En los últimos nueve meses, Reuters viajó a Tumaco y muchos otros lugares en Colombia para comprender el avance de grupos armados que aprovecharon el pacto de paz para reposicionarse.

A SANGRE Y PLOMO

Considerado uno de los rincones más violentos del sudoeste de Colombia, Tumaco se ubica en una zona selvática con varios ríos que le brindan a la cocaína, producida en las grandes plantaciones de hoja de coca cercanas, una salida al Pacífico.

Aquí, las nuevas fuerzas guerrilleras compiten con las bandas criminales por las lucrativas rutas de la droga.

A comienzos de este mes, un pequeño grupo de exguerrilleros de las FARC mató a balazos a un periodista, un fotógrafo y al conductor de un diario ecuatoriano, luego que el gobierno del vecino país rechazó sus demandas de liberar a sus camaradas encarcelados al otro lado de la frontera.

Al este de la ciudad portuaria, el ELN se apoderó del territorio donde las FARC dejaron abandonada una mina ilegal de oro. En el noroccidental departamento del Chocó, sus guerrilleros están reclutando nuevos miembros y se apoderan lentamente de la selva que alguna vez estuvo también bajo dominio de las FARC.

Disidentes de las FARC se enfrentan con el ELN en el departamento del Cauca por el control del narcotráfico, mientras que en Antioquia combates entre bandas criminales que se disputan una zona estratégica para el narcotráfico y la minería ilegal provocan desplazamientos masivos de campesinos.

Cerca de la frontera con Venezuela, en el departamento de Norte de Santander, una banda llamada Los Pelusos lucha con el ELN, lo que también obligó a cientos de campesinos a dejar sus casas.

Para ganar apoyo al acuerdo de paz, Santos prometió inundar los antiguos baluartes de las FARC con tropas e inversiones sociales y de infraestructura.

El plan contempla una inversión anual de unos 3.000 millones de dólares en los próximos 15 años para impulsar el desarrollo en regiones devastadas por la guerra y mejorar los servicios de salud, la educación, la infraestructura y la agricultura.

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