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‘Hay un estado de pánico entre los campesinos cubanos’

01-07-2020

Un campesino de Pinar del Río vendió la mayor parte del pienso que había adquirido para mantener su cría de cerdos durante los próximos meses. “Se quedó solo con un poquito por miedo a que se lo quiten”, contó el activista Esteban Ajete Abascal, coordinador nacional de la Liga de Campesinos Independientes de Cuba.

“Ya todo el que tiene un poquito de algo en su casa está asustado, porque en cualquier momento se le van a tirar”, comentó a DIARIO DE CUBA el líder de una de las organizaciones que promueve la campaña “Sin campo no hay país”, para exigir al Gobierno la liberalización de la producción y comercialización de las producciones agropecuarias.

Ajete Abascal denunció desde San Diego de los Baños que existen varios casos de agricultores a los que les han intervenido las cosechas.

“La realidad cubana la vemos día a día en la mesa y en la casa del cubano, porque no hay nada que ofertar. El campesino no está incentivado, no tiene motivación para producir. Diariamente en la Televisión Cubana están mostrando como cara pública de los campesinos al acaparador, al ladrón, al que trata de esconder las cosechas. Eso afecta su moral, su prestigio. Prácticamente el campesino queda como el culpable de la hambruna que estamos viviendo. Y no es así, nunca es así”, aseveró.

“El campesino está asustado. Si lo cogen vendiendo cualquier producto, incluso a los precios que Acopio le dice, siempre buscan una evasiva, que si le falta algún papel o algo así, para decomisarle su mercancía”, dijo.

“El arroz está a un dólar y hasta a 30 pesos la libra. El frijol, si lo encuentras, está casi a 50 pesos la libra. Y esa es la mesa del cubano, son dos alimentos básicos. Luego, si lo logras encontrar, si lo logras comprar, en caso de que te coja la Policía con un quintal de arroz, es mejor que te coja con un camión de dinamita. Posiblemente vayas hasta preso”, aseguró.

El líder campesino refirió lo sucedido a Osmani Poveda, un productor de tabaco de San Juan y Martínez cuya casa de curar la hoja necesitó de una reparación en el techado, pero nunca consiguió que le dieran los recursos para hacerlo, como estipulan los contratos que los agricultores tabacaleros de la zona tienen con las empresas del Estado.

Finalmente, entró agua de lluvia que afectó varios quintales de la hoja de tabaco cosechada. “Reclamó a todo el mundo y nadie le pagó. Lo que hizo fue perder parte de su cosecha y su trabajo”, afirmó Ajete Abascal.

Sin embargo, comentó, con el precio que pagan al Gobierno en el mercado internacional por un solo quintal de tabaco, un productor podría pagar a todos los demás trabajadores que emplea. Pero las ganancias que obtienen los cosecheros no son altas.

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