02-07-2012
Lo peor de las respuestas a la crisis no son los recortes, sino su filosofía, que puede resumirse con este viejo y recurrido refrán: “Suave con los fuertes, duro con los débiles”. Es evidente, a estas alturas de la triste película de la crisis, que los culpables principales (aunque no únicos) son la banca imprudente, los inversores sin escrúpulos, los ejecutivos agresivos, los entes de vigilancia financiera, la academia económica, los líderes políticos. Pero lo cierto es que no son ellos, fuertes por definición, los que están pagando el pato, sino los débiles: marginados, obreros manuales en paro, clases medias, inmigrantes (que tanto contribuyeron con sudor y compras al crecimiento) y jóvenes universitarios, tan sobradamente preparados como claramente empujados a buscarse el futuro en otras latitudes. No puede extrañar, por consiguiente, que el resentimiento se haya adueñado de las clases medias y populares. ¿Se hunde el barco y solo hay botes salvavidas para los que nos han conducido por interés o incompetencia hasta el iceberg? Artículo completo.




