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La desigualdad es el gran reto pendiente de Panamá y de la región

17-06-2019

El Ministerio de Desarrollo Social (Mides), como ente rector de la política social, tiene entre sus objetivos fundamentales, lograr la integración social y la reducción de la pobreza en Panamá. Tarea retadora que, si bien ha permitido mejorar la calidad de vida de miles de panameños desde su creación, encuentra en la desigualdad un obstáculo mayor para lograr transformaciones sociales que sean sostenibles. Hoy sabemos que la distribución desigual de riquezas y oportunidades es uno de los principales frenos para la reducción de la pobreza. Esto hace de la desigualdad un desafío ético y de justicia social, pero también una amenaza para la democracia, pudiendo llegar a ser un detonante de explosiones sociales.

La medición de la desigualdad

A pesar de que la desigualdad tiene distintas manifestaciones, las mediciones reconocidas globalmente se refieren fundamentalmente a la distribución de ingresos al interior de un país, siendo el Coeficiente Gini la más común (0 representa ausencia total de desigualdad, y 1 la desigualdad máxima). Esta medición, contrario a otros indicadores sociales, tiene el valor de tomar en consideración las diferencias en el ingreso de toda la población, en lugar de enfocarse en grupos particulares; sin embargo, esto sólo permite orientar políticas públicas desde la perspectiva de ingresos. Si bien el nivel ingresos es el principal determinante de la desigualdad, el género, el lugar de nacimiento, la edad, la etnia y la discapacidad son también son ejes estructurantes de la matriz de la desigualdad, los cuales se interrelacionan y potencian entre sí, intensificando sus efectos.

A nivel global, la desigualdad ha disminuido para la mayoría de los países en los últimos 15 años, incluyendo a Panamá; no obstante, continúa siendo un reto global fundamental. Así lo refleja la Agenda 2030, a la que se han comprometido los 193 países que conforman las Naciones Unidas, cuyo Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 10 consiste en la reducción de desigualdades dentro y entre los países. En otras palabras, transitar hacia un modelo de desarrollo sostenible, plantea como un requisito indispensable la reducción de las marcadas desigualdades que caracterizan al mundo de hoy.

Desde el punto de vista regional, América Latina y el Caribe también redujo sus niveles de desigualdad durante el último decenio, atribuible en buena medida a los sistemas de protección social y la incorporación de los programas de trasferencias monetarias condicionadas. No obstante, ha llegado a un nivel de estancamiento en los últimos 3 años, conservando su vergonzosa posición como la región más desigual del mundo. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sostiene que la desigualdad en la región responde a una profundamente enraizada cultura del privilegio, de la que todos somos parte, y que se ve claramente reflejada en el modelo de desarrollo imperante, que la reproduce y perpetúa.

El sexto país más desigual

En el caso particular de Panamá, a pesar de que del 2000 al 2017, la desigualdad se ha reducido de 0.56 a 0.49 según el Coeficiente Gini, nuestro ritmo de reducción ha sido inferior al de otros países de la región, como Bolivia, Perú, Ecuador y Uruguay. Ser el sexto país más desigual del mundo, contrasta fuertemente con el hecho de ser el país que más crece en toda la región, poniendo en evidencia que nuestro esquema de desarrollo requiere ser revisado si aspirásemos revertir esta realidad. A este desafío, se suma el hecho de que, a pesar de lo evidente y palpable que es la desigualdad en nuestro país, esta ha sido muy poco estudiada si la comparamos con otros desafíos sociales, lo que hace que hoy en día contemos con muy poca información y herramientas útiles para el diseño de políticas públicas que aborden de modo efectivo sus causas estructurantes.

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