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Latinoamérica

La guerrilla colombiana sufre más bajas por deserción que en combate

15-11-2013

Dieciocho años de hambre, insomnio y miedo, mucho miedo.

Así describe Alfredo Usuga, o “Marlon”, las razones que lo llevaron a desertar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla más antigua de América Latina.

Cansado de guerra, Marlon se entregó en mayo junto con 10 combatientes bajo sus órdenes acogiéndose a un programa de desmovilización del Gobierno que busca contribuir al fin del largo y sangriento conflicto interno de Colombia.

Y no es el único. El Gobierno dice que 1.140 combatientes de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional, un grupo rebelde menor, abandonaron las armas en el 2012 causando a la guerrilla casi tres veces más bajas que las producidas en los combates y bombardeos de las Fuerzas Armadas colombianas.

“Se aguanta hambre, no se duerme tranquilo, cualquier ruido de avión toca salir corriendo”, cuenta el ex guerrillero de 31 años, recordando su vida en la selva desde que se unió al grupo rebelde siendo poco más que un niño. “Uno se siente acorralado. Da miedo, mucho miedo. Por eso también dejé la guerrilla”.

En una entrevista realizada en un lugar que las autoridades pidieron mantener en secreto, Marlon asegura a Reuters que la situación de las FARC es cada vez más difícil.

“El asedio de las tropas es desesperante (…) La situación económica es bien complicada también”, dice el hombre corpulento, con corte de pelo militar y mirada seria.

El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, asegura que las deserciones continúan a medida que más y más combatientes dejan de ver futuro en la lucha armada iniciada hace casi medio siglo en plena Guerra Fría y que ha cobrado más de 200.000 vidas.

“La desmovilización este año está creciendo”, dijo en una reciente entrevista con Reuters, usando el término oficial para referirse a las deserciones. “Es una actitud humanitaria. Salva vidas. Les permite arrepentirse”.

Para las FARC, en cambio, es parte de la guerra psicológica del Gobierno. Las deserciones, aseguran los jefes guerrilleros, ocurren en todos los conflictos.

Pero analistas sugieren que el desgaste provocado por los abandonos contribuyó a que el grupo guerrillero y el Gobierno emprendieran el año pasado en La Habana un diálogo de paz, que parece avanzar hacia su integración a la vida civil y política.

Para estos hombres que pasaron la mayor parte de sus vidas escondidos en la selva, abandonar las armas es una decisión difícil. Saben, por ejemplo, que una vez en la ciudad tendrán que vivir bajo protección militar por temor a represalias de sus antiguos compañeros.

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