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Responsabilidad Social Empresarial

Las ciudades deben asumir el liderazgo de las economías sostenibles

  • La falta de participación ciudadana en la toma de decisiones explica la urgencia de iniciar una transición hacia otro modelo de organización urbana
  • Las ‘megaciudades’ han pasado de 2 en 1950 a 29 en 2016, y para 2030 está previsto que lleguen a ser 41

28-10-2016

“Una ciudad sostenible es incompatible con un sistema económico basado en el crecimiento infinito y la explotación de las personas y del planeta”, denuncia Gary Gardner, investigador y director de publicaciones del Worldwatch Institute. Cerca de 3.900 millones de personas –la mitad de la población mundial– vive en zonas urbanas. Para el año 2050, se espera que ese número sea casi el doble. Las ciudades seguirán creciendo y el debate reside en cómo lo harán, según explica el informe La Situación del Mundo 2016, que lleva por título ‘Ciudades sostenibles. Del sueño a la acción’.

La insostenibilidad desde el punto de vista medioambiental, las desigualdades y la pobreza en los núcleos urbanos, y la falta de participación ciudadana en la toma de decisiones en este entorno, ponen de relieve la urgencia de iniciar una transición hacia otro modelo de organización urbana. Las ciudades generan el 80% del PIB mundial y sin embargo, también son las que consumen el 70% de la energía y emiten el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Como señala José Bellver, investigador de FUHEM Ecosocial, es llamativo que “la mayor parte de consumo de energía y materiales se realice en las ciudades cuando su población representa el 54% de la población mundial y las ciudades ocupan entre el 1 y el 3% del territorio global”.

Las ciudades de hoy tienen también que hacer frente a la escasez de metales, minerales y combustibles, y a los impactos de un sistema de alimentación, transporte y edificación, entre otros, que se extienden más allá de la región y el país que albergan dicha ciudad. Hay que tener en cuenta también la generación de residuos de una ciudad ya que “son la tercera fuente de emisiones de metano directamente causados por los humanos”, subraya Gary Gardner. Estos impactos se agravan cuando se trata de la organización de ciudades de más de 10 millones de habitantes. Según el informe, “las megaciudades han pasado de 2 en 1950 a 29 en 2016, y para 2030 está previsto que lleguen a ser 41”.

La desatención de servicios básicos

Las ciudades son motores de economía y, a la vez, centros de pobreza, ya que aproximadamente 1 de cada 7 habitantes de zonas urbanas vive en la pobreza, generalmente en asentamientos marginales de los países en desarrollo. Además, “el 10% de la población urbana en países en desarrollo carece de acceso a la electricidad y el 18% utiliza madera, estiércol o carbón para cocinar”, subraya. Por su parte, José Bellver, apunta la contradicción que supone “la desatención de servicios básicos de los grupos urbanos más pobres mientras se destinan sumas astronómicas a la construcción de grandes infraestructuras innecesarias”, lo que ahonda la segmentación socioespacial y profundiza las desigualdades en el entorno urbano.

Sin embargo, las ciudades de hoy en día están también en una interesante posición para asumir el liderazgo de construir economías sostenibles. “Las ciudades difieren en cuanto a geografía, clima, cultura, historia, riqueza y otra multitud de aspectos, cada uno de los cuales hace imposible plantear un modelo único para la sostenibilidad urbana”. Además, insiste Gary Gardner, “no disponemos de ningún modelo maduro de sostenibilidad urbana en el planeta”. Debido a estas incertidumbres, describir una ciudad sostenible requiere un esfuerzo de imaginación.

La Situación del Mundo 2016 no formula una única vía para lograr ciudades sostenibles, sino que ofrece ideas para avanzar hacia la sostenibilidad urbana. Gary Gardner resume en 7 las claves para desbloquear la transición hacia la sostenibilidad: Reducir, hacer circulares, y no contaminantes los flujos de materiales; invertir en infraestructuras verdes que den espacio a la naturaleza; que el desarrollo de la ciudad sea compacto, conectado y a escala humana; dedicar espacios para el encuentro de la gente; fortalecer las ciudades como centro de bienestar cuidando los servicios sanitarios o evitando la contaminación atmosférica; que el desarrollo se centre en las personas; y, finalmente, asegurar que la gobernanza es participativa.

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