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Latinoamérica

Las críticas al cacerolazo dividen al kirchnerismo en Argentina

17-09-2012

El cacerolazo del pasado jueves en contra del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha desencadenado discusiones internas y reclamación de responsabilidades dentro de la Casa Rosada, la sede del Ejecutivo argentino. Diversos sectores del oficialismo rechazan internamente el tono de descalificación utilizado por el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, contra los manifestantes de clase media que salieron a batir sus cacerolas y también cuestionan la idea de la agrupación juvenil cristinista ‘Unidos y Organizados’ de convocar a dos “contramarchas” a la Plaza de Mayo, en respuesta a la protesta.  La convocatoria del 27 de octubre –un día en que se conmemora el segundo aniversario del fallecimiento del expresidente Néstor Kirchner- está confirmada, pero se ha abierto un debate sobre la “contramarcha” que La Cámpora –la asociación juvenil de apoyo al Gobierno de Fernández de Kirchner- propone para el jueves de esta semana en la Plaza de Mayo y que contaría con apoyo presidencial.

Los ministros Florencio Randazzo y Julio De Vido, los gobernadores Daniel Scioli, Francisco Pérez, José Luis Gioja y José Alperovich, numerosos intendentes y dirigentes sociales como Edgardo Depetris, Luis D’Elía y Emilio Pérsico, que integran ‘Unidos y Organizados’, plantearon sus reservas respecto de esas reacciones. La “contramarcha” que propuso para el jueves próximo La Cámpora, con la conducción de Andrés “Cuervo” Larroque, se discutirá este lunes en la mesa de conducción de Unidos y Organizados, que contiene a las agrupaciones Kolina, Movimiento Evita, y JP Descamisados, entre otras. Abal Medina y el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, la ven con buenos ojos.

Pero el peronismo histórico no está de acuerdo con echar un pulso en la calle, con micros y aparatos partidarios, contra los manifestantes espontáneos para propinarles una demostración de fuerza. Así piensan De Vido y Randazzo, quienes integran el “ala moderada” del Gobierno. Incluso, el diputado ultrakirchnerista Carlos Kunkel minimizó el sábado las “contramarchas”, aunque no las descartó. “Hay muchas agrupaciones que queremos dar respuestas a los cacerolazos, sin confrontar, pero faltan cosas por acordar. Se podría postergar una semana. La fecha del jueves la puso La Cámpora. Pero se decidirá el lunes (por mañana)”, confió a un dirigente de Unidos y Organizados. Es posible que la decisión final salga del pulgar de la Presidenta.

“Hay muchas divergencias de opiniones. Están procesando el impacto. No hay un enemigo nítido como el ‘agro’ en la crisis de 2008″, confió otra fuente del oficialismo. Sin la movilización del Movimiento Evita y de intendentes, la “contramarcha” podría ser mucho menos importante. “Lo seguro es que cualquier cosa que incite a la violencia, Cristina la va a impedir”, señaló una fuente allegada a la Presidenta. La marcha del 27 de octubre a Plaza de Mayo, en cambio, está en pie. Ese día se conmemorará el segundo aniversario del fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner, aunque el oficialismo la promociona como una réplica a los cacerolazos.

El sábado se desató una batalla en Twitter entre quienes la convocan y los activistas contrarios al Gobierno que promueven un próximo cacerolazo para el 28 de este mes. La irritación de éstos se agravó tras las declaraciones de anteayer de Abal Medina, quien descalificó a los manifestantes al decir que sólo “les importa lo que pasa en Miami” y que “no pisan el pasto para no ensuciarse”. Abal Medina expresó la posición oficial de Cristina Kirchner. Sin embargo, el ala moderada, si bien no cuestiona la línea global del discurso, sí objeta el componente de agresividad hacia los manifestantes que incita a futuros cacerolazos. “Se podría haber evitado el ataque directo“, dijo un portavoz.

Además de la batalla de las movilizaciones, en el kirchnerismo se desató una búsqueda de responsables internos por las políticas económicas y cambiarias que originaron la protesta en todo el país en contra de la re-reelección, la inflación, la inseguridad y la corrupción. Algunos sectores culpan al director de la AFIP, Ricardo Echegaray, instrumentador del cepo cambiario, por los cacerolazos. Echegaray debió desmentir su renuncia, tal como se informa en la página 19, en Economía. Según se supo, el viceministro de Economía, Axel Kicillof, responsabiliza del malestar social al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y éste a la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. Pero Cristina Kirchner respalda a todos. En realidad, sabe que sólo cumplen sus órdenes. Más información.

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