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Las redes de liberales radicales se valen del nobel Vargas Llosa para ganar influencia y difundir su ideario

25-06-2012

Es el escritor más premiado por los think tank más conservadores. El premio nobel, Mario Vargas Llosa, ha sido galardonado en la misma semana como defensor de la libertad por la Fundación FAES, que preside José María Aznar, y el Instituto Juan de Mariana. A su vez el escritor ha entregado un galardón a Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid. Todas las entidades que le honran con estos galardones cuentan con que parte de sus miembros forman parte también del consejo directivo de la Fundación Internacional para la Libertad, que preside el premio Nobel. El reparto de premios y elogios queda circunscrito a la numerosa familia liberal. Una red que avanza imparable por todo el mundo.

Hace unos días Esperanza Aguirre, patrono de FAES, entidad que ha anunciado la concesión para octubre próximo del ‘Premio FAES de la Libertad 2012’, al escritor, recibía de manos de Vargas Llosa, el premio ‘Sociedad Civil 2012’, concedido por la fundación civismo de cuyo consejo forman parte ex compañeros de Aguirre cuando militaba en el Partido Liberal. Es el caso de Pedro Schwartz, secretario general de dicha fundación, patrono de FAES, y miembro, además, del consejo académico de la Fundación Internacional para la Libertad (FIL) que preside Vargas LLosa. Días ante el Instituto Juan de Mariana  en su sexta cena por la libertad le entregaba el “Premio Juan de Mariana a una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad“.

El escritor, revolucionario en su juventud, fue recibido tras su conversión con los brazos abiertos por sus amigos neoliberales, Esperanza Aguirre y José María Aznar. Así cuenta la conversión del nobel la presidenta de la Comunidad de Madrid (especial atención a la página 20) durante la presentación de una biografía que le hizo otro ex revolucionario. “Y Mauricio Rojas, como Mario Vargas Llosa, sin renunciar para nada al impulso ético que le había llevado a comprometerse con la revolución, fue descubriendo que esa mítica revolución, apadrinada por personajes como el Che Guevara, no sólo no era la solución para los problemas que pretendía resolver, sino que era la forma más segura de agravarlos para siempre. Y Mauricio Rojas, como Mario, fue leyendo y estudiando sin prejuicios a los clásicos de la Ciencia Política y fue analizando con rigor la realidad latinoamericana para concluir que el mejor camino para su progreso y su bienestar no era la mítica revolución guevarista, sino el fortalecimiento de las instituciones democráticas, el Estado de derecho y, aunque escandalizara a todos los que hasta entonces habían sido sus compañeros de viaje, la economía de mercado”.

La lideresa apuntala la conversión de ambos sin rubor: “Mauricio Rojas, como nuestro gran Mario Vargas Llosa, ha acabado en el liberalismo. Que no es una religión, sino un conjunto de pensamientos, sujetos siempre a revisión, que colocan la libertad como bien superior en todos los análisis que se hacen y en todas las propuestas políticas que se elaboran”.

“¿Quién es esta Juana de Arco de la libertad?”, preguntó el Premio Nobel la primera vez que escuchó hablar a Esperanza Aguirre. Vargas Llosa subraya que si la admira tanto es “por haber arrebatado a los enemigos de la libertad el monopolio de la justicia social”. En la entrega del premio del think tank civismo ‘Sociedad Civil’ a la presidenta de la Comunidad de Madrid, el escritor le rindió pleitesía con esta declaración: “Aguirre ha convertido Madrid en una ciudadela de la libertad”.

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