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Latinoamérica

Lenta evacuación de los turistas atrapados en el devastado Acapulco

18-09-2013

Miles de turistas esperaban el miércoles impacientes para ser evacuados del famoso centro vacacional mexicano de Acapulco, devastado por el paso de la tormenta Manuel y golpeado por la falta de alimentos y agua que llevó a las fuerzas de seguridad a custodiar comercios para evitar saqueos.

Las torrenciales lluvias que descargó Manuel desde el viernes hasta el lunes dejaron prácticamente incomunicado por mar y tierra al paradisíaco polo turístico, que estaba repleto de visitantes que aprovecharon el fin de semana largo por el feriado del Día de la Independencia.

El miércoles se conoció de un deslave en una remota comunidad de Atoyac de Alvarez, al noroeste de Acapulco, donde según autoridades locales se rescataron 18 cuerpos de personas que murieron bajo toneladas de barro, lodo y árboles que cedieron ante el embate de las constantes lluvias. Decenas más están desaparecidas, destacaron las autoridades.

El hecho haría subir a 78 el número total de víctimas por la combinación de Manuel y la tormenta Ingrid, que azotó la costa este sobre el Golfo de México. No obstante, la secretaría de Gobernación (ministerio del Interior), dijo que todavía no tenía información acerca de estos fallecimientos y contabilizaba un total de 60 muertos.

Las autoridades calculan que unos 40,000 turistas están varados en el lugar, y varias líneas aéreas y aviones militares hacían vuelos extraordinarios desde el martes para evacuar a las personas hacia la capital del país.

Hasta la noche del martes sólo 2,500 personas habían logrado ser evacuados del balneario, visitado sobre todo por turistas de la Ciudad de México. Aeroméxico, la principal aerolínea nacional, dijo que el miércoles tenía planeado realizar 22 vuelos para rescatar más turistas.

Algunos testigos dijeron que la situación tendía a normalizarse en la zona de Acapulco Diamante, donde hay grandes hoteles y condominios, a pesar de que tenían limitaciones en el suministro de agua y electricidad.

Pero en la periferia, donde vive la población pobre, reinaba el caos y los residentes reclamaban ayuda humanitaria. Los envíos del gobierno federal y de la Cruz Roja llegaban lentamente.

PEÑA PIDE EVITAR PARALISIS

La secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, dijo que la prioridad era salvar vidas y trasladar a la gente a albergues, así como llevarles víveres y agua potable. Eso solo puede hacerse por vía aérea ante el colapso de las carreteras, algo que no se solucionaría hasta el viernes.

“Tenemos que tener todos paciencia, estamos trabajando también en abastecer a hoteles y para abastecer tiendas de autoservicio, que se están quedando sin abasto”, pidió la funcionaria al calificar la situación como de emergencia no sólo en Acapulco, sino en todo el estado de Guerrero.

El presidente Enrique Peña Nieto pidió que el país no se paralice y dijo que es necesario atender primero la emergencia para luego hacer una contabilización de los daños.

“Estos eventos climáticos no van a frenar el desarrollo del país, no van a generar parálisis al desarrollo que México debe de tener”, dijo Peña en un acto público en la norteña ciudad de Monterrey, también afectada por las tormentas.

La presidenta de la Asociación de Hoteleros y Empresas de Acapulco, Mariberta Medina, dijo que en la zona de Diamante hubo saqueos el martes en algunas tiendas que sufrieron fuertes inundaciones.

“Desgraciadamente no fue un saqueo de necesidad de alimentos, sino de robar por robar. Se robaron hasta el adorno de Halloween, el adorno de Navidad, se robaron hasta el motor de una lancha o agendas, cosas que no ocupan para esta emergencia”, dijo Medina el miércoles en una entrevista de radio.

Policías y militares custodiaban el miércoles un gran complejo comercial en Diamante, donde algunas de las principales cadenas minoristas del país tienen tiendas.

Pobladores se quejan de que los comercios subieron los precios aprovechando la contingencia, y que la oferta de alimentos y bienes bajó dramáticamente porque hubo compras nerviosas hasta el martes.

“No están respetando los precios en las tiendas. Esperamos más de dos horas para entrar y sólo conseguimos sopa Maruchan (instantánea), algunas latas de atún y dos cajas de leche. Esto se va a poner feo”, dijo Clemencia Santana García, una vendedora ambulante de 45 años.

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