11-11-2012
Gonzalo Garteiz
El estudio europeo de trastornos mentales, ESEMeD, realizado antes de la crisis económica mostraba que un 19,5% de los españoles habían sufrido algún trastorno mental a lo largo de su vida, incidiendo más en la mujer, 22,9%, que en el hombre, 15,7%. Anualmente cifraba la incidencia en el 8,4% de la población, 5,2% en hombres y 11,4% en mujeres.
La crisis económica surgida a partir de 2007 y que castiga a amplias capas de la población en los dos últimos años ha empeorado sustancialmente estas estadísticas, como muestra un estudio científico publicado en abril en la revista European Journal of Public Health, del que son autores dos científicos españoles investigadores en Ciencias de la Salud de la Universidad de Baleares, Margalida Gili y Miquel Roca, junto a tres colegas extranjeros, Sanjay Basu, Martin McKee y David Stuckler, de centros de investigación prestigiosos de San Francisco, Londres y Cambridge respectivamente.
Gili y Roca han presentado un trabajo en el que se analizó a 7490 pacientes en centros de atención primaria durante el periodo precrisis 2006-2007 y a 5.876 pacientes, ya en plena ruina económica, entre 2010 y 2011, con unos resultados demoledores que ya alertaban sobre el drama de los suicidios que hemos vivido recientemente.
El estudio revela que en el periodo de crisis se ha producido un substancial y significante incremento en la proporción de pacientes con trastornos de humor, en concreto un 19,4% de aumento de depresiones severas, un 8,4% en desórdenes de ansiedad, el 7,3% de carácter somatoforme (hipocondrías, dolores, somatización, etc), y el 4,6% en los relacionados con el alcohol.
Lo más dramático del estudio es sin embargo la relación de los trastornos mentales con los problemas que tienen los pacientes desempleados. El estudio encontró que había un significante aumento de las consultas con depresiones asociadas a las dificultades para pagar la hipoteca y los desahucios. Tomando en consideración el conjunto, los investigadores han estimado que alrededor de una tercera parte de las depresiones severas se pueden atribuir a estos dos factores. Otro elemento destacable es la capacidad de irradiar el problema dentro del núcleo familiar.
La conclusión es muy clara: La gravísima recesión económica ha incrementado significativamente en España los desórdenes de la salud mental y el abuso del alcohol entre los pacientes que acuden a los ambulatorios, particularmente entre las familias que sufren el desempleo y las dificultades para pagar la hipoteca.
La investigadora Margalida Gili ha declarado a La Celosía que a pesar de la evidencia de su estudio no le consta que se haya tomado iniciativa alguna por parte del Ministerio de Sanidad y las Comunidades Autónomas para combatir este problema de salud pública que ha generado la crisis. “Desde hace años, existe una iniciativa europea centrada en la prevención de la depresión y el suicidio (European Alliance Against Depression, EAAD) que , aunque fue anterior a la crisis, se está aplicando en 11 países europeos. En España, hemos aplicado el programa el grupo del doctor Perez Solà en Catalunya y el nuestro en Palma y Menorca, con resultados positivos, una tendencia suave a la disminución del número de suicidios y una disminución más marcada en tentativas suicidas. Consiste en una campaña pública y la implantación de diversas iniciativas en los centros de atención primaria y en la comunidad. Estos proyectos han sido solicitados por los grupos investigadores y financiados por Europa”, añade Gili.
España es el país de Europa con más síntomas depresivos, especialmente en personas de edad avanzada, Sin embargo, el Gobierno no sólo no ha fortalecido el área de salud mental sino que tampoco ha realizado ninguna consideración pública sobre los costes sanitarios de las decisiones políticas que toma, a pesar de que en la Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud se requería “la concienciación de los políticos y altos funcionarios en la necesidad de tener en cuenta las implicaciones sobres la salud mental de la población que pueden tener todo tipo de políticas, incluso aquellas sin un objetivo aparentemente relacionado con la salud”.




