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Los servicios de inteligencia culpan a las empresas españolas de su indefensión ante las agresiones internacionales

31-05-2012

¿Pudieron evitarse las expropiaciones de Repsol YPF y de Red Eléctrica? Expertos de los servicios de inteligencia no se ponen de acuerdo. En lo que si coinciden es en que las empresas españolas no están preparadas para agresiones externas. Y lo argumentan en que no valoran ni utilizan los servicios de ‘inteligencia económica’ que, en otros países, se aplican con óptimos resultados. Sólo el 10 por ciento de las multinacionales españolas que operan en zonas conflictivas han solicitado ayuda al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y, en algunos casos, no han hecho caso de sus consejos. Al frente del CNI, que depende de Soraya Sáenz de Santamaría, está temporalmente, Félix Sanz Roldán, general del Ejército. En diciembre pasado la vicepresidenta le confirmó que busca el sustituto más adecuado.

La Comisión Europea define inteligencia económica como “el esfuerzo coordinado de obtención, tratamiento y difusión, con propósitos de explotación, de información útil para los operadores económicos, incluyéndose en este esfuerzo la protección de información considerada sensible para las compañías interesadas”. Dirigentes del CNI critican también a responsables de departamentos ministeriales por no valorar su papel en la defensa de los intereses españoles. Hace unos meses desde el Ejército de Tierra se le propuso a la Dirección General de Innovación y Competitividad, dependiente de la Secretaria de Investigación, del Ministerio de Economía y Competitividad, que enviara un ponente para hablar de inteligencia económica al II Seminario de Inteligencia y Seguridad. “Aquí tratamos asuntos concretos, transferencia de tecnología, apoyo a la innovación, pero no nos ocupamos de cosas abstractas como la inteligencia competitiva o la inteligencia económica”, fue la contestación recibida.

Frente al rechazo existente en España, en el exterior la apuesta es clara. Así en Japón las compañías destinan el 1,5 por ciento de su presupuesto a inteligencia económica y han financiado y formado una red muy potente para evitar agresiones; en Francia existe una comisión interministerial creada para defender a sus multinacionales al igual que en Alemania, que salvó 50.000 empleos en un conflicto internacional.

Las expropiaciones en Argentina y Bolivia han puesto de actualidad escenarios internacionales, inestables y conflictivos, en los que operan muchas firmas españolas. “Implementar un sistema de Inteligencia proactiva puede suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso en tales escenarios”, con este hilo argumental se celebró en Madrid un encuentro con la presencia de expertos de servicios de inteligencia españoles. Los participantes recordaron como tender puentes con los gobiernos de América Latina fue una de las prioridades de Josep Piqué, ministro de Asuntos Exteriores con el PP en 2001, o de Emilio Lamo de Espinosa, director del Instituto Elcano, think tank que ha criticado la falta de reflejos de la diplomacia española. Con Miguel Ángel Moratinos como ministro de Asuntos Exteriores, 100 embajadores fueron consultados si veían necesario incrementar el apoyo del CNI a las empresas que operan en el extranjero, 75 dijeron que sí, 25 que no.

Las recientes expropiaciones certifican, según los expertos, que no se ha seguido el camino correcto. “No se ha hecho absolutamente nada de nada y, en ocasiones, nos hemos encontrado con que algunas empresas afectadas han hecho mutis por el foro”, denuncia el coronel Francisco Javier García Carrillo, experto en inteligencia y con más de diez años en escenarios internacionales. García Carrillo ignora si podía haberse evitado la nacionalización de YPF, pero tiene claro que la de Red Eléctrica era fácil de prever porque todos los primeros de mayo el presidente de Bolivia, Evo Morales, hace un regalo a su pueblo.

En el conflicto YPF, “se hubiera agradecido una mayor utilización de la inteligencia por parte del gobierno español, y no sólo de la inteligencia económica, tan necesaria para evitar el estallido de la crisis o al menos para minimizar los daños. De este modo, las autoridades españolas hubieran actuado con un mayor conocimiento de causa y del terreno que pisaban y hubieran podido tomar decisiones más acertadas, no confiando en interlocutores que se presentaban con un poder que en realidad no tenían”, afirma Carlos Malamud, Investigador principal de América Latina, Real Instituto Elcano, en la tribuna que publicamos.

Las multinacionales españolas que han invertido con gran entusiasmo en América Latina deben ser conscientes del malestar que, a veces generan en estos países, que los consideran monopolios. “Cuando llega el fil de mes los peruanos dicen que viene la factura de los españoles, les toca pagar la luz, el agua y el teléfono, tres servicios básicos adjudicados a firmas españolas”, subraya García Carrillo.

El coronel concluye con este diagnóstico: “nuestras empresas no acuden a ciegas a los mercados extranjeros, tienen sus propios departamentos de inteligencia en los que apoyarse, pero van con las luces cortas”.

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