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A pesar de los asesinatos, Continental Gold sigue con mina de oro insignia de Colombia

21-06-2019

En septiembre pasado, los esfuerzos de Continental Gold destinados a conseguir apoyo de la comunidad para su mina de oro y plata debajo de las montañas verdes de los Andes colombianos parecieron repentinamente vulnerables cuando hombres armados mataron a cuatro de sus empleados en dos ataques separados.

Ahora, nueve meses después, y con la seguridad mejorada, el proyecto Buriticá está en la ruta para iniciar la producción el próximo mes de mayo, con los gerentes reconociendo el retroceso del año pasado pero también confiando en que la empresa prosperará.    “Incluso si es terrorismo, tienes que aceptar que fracasaste. Una vida se perdió, fracasaste”, dijo a Reuters el presidente ejecutivo Ari Sussman, al margen de una visita a la mina para periodistas e inversores.

“No podríamos haber previsto esto, pero sucedió, así que hemos reconstruido nuestro sistema y hemos traído gente nueva”.    Buriticá, cuyos cálculos de producción y mineral de alto grado la convierten en un hallazgo especial, se perfila como una prueba clave para el futuro de la minería subterránea a gran escala en Colombia, cuyas riquezas minerales en su mayoría inexploradas tienen mineros que se frotan las manos.    El proyecto también representa una prueba para la naciente minera Continental Gold, que se ha endeudado para financiar la construcción y que, como muchas empresas mineras pequeñas, no ha generado ganancias durante años.

Buriticá será su proyecto insignia que le permitirá superar a su rival canadiense Gran Colombia Gold como la minera de oro subterránea más grande del país.    Otras compañías de oro multinacionales como AngloGold Ashanti, EcoOro Minerals, Red Eagle y Mubadala Investment Minesa han intentado y hasta el momento no han logrado un gran éxito.

Los proyectos subterráneos en Colombia son frenados por una mezcla heterogénea de problemas legales, ambientales, de seguridad y de relaciones con la comunidad.

Los esfuerzos de Continental para obtener el apoyo de la gente de Buriticá, con una población de 7.000 habitantes, fueron considerados innovadores cuando se inició el proyecto. Los habitantes del pueblo se duplicaron hace una década en medio de la fiebre del oro, que hizo que la minería ilegal y la violencia dispararan.

Parecía que Continental había encontrado la seguridad y las relaciones positivas con la comunidad, que carecían otras empresas de minería multinacionales, al asociarse con organizaciones benéficas en esfuerzos de desarrollo y para proporcionar cientos de empleos.

Luego, cuatro empleados murieron en un solo mes, uno cerca de Buriticá y los otros en un sitio de exploración diferente.

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