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Latinoamérica

Petroperú explota a niños indígenas para recuperar un derrame crudo en Amazonia

14-03-2016

El desastre ocurrido en la quebrada de Inayo, donde se derramaron más de dos mil barriles de crudo de petróleo sobre el corazón de nuestra Amazonía, ha producido consecuencias gravísimas para las comunidades nativas que habitan la zona y, en general, para todos los peruanos y peruanas. No obstante, este problema no solo se reduce a la muy primordial cuestión ambiental, que es de las más visibles, sino también lo configuran muchas otras aristas.

Para comprendernos, hay que tener presente que es Petroperú, la empresa petrolera estatal, quien opera el Oleoducto Norperuano, por donde transita el petróleo en su recorrido desde los yacimientos en las entrañas de la selva, en Andoas y Saramuro, hacia el puerto norteño de Bayóvar. Precisamente, fue la falta de mantenimiento de estos oleoductos la que causó el derrame. Por esta razón, Petroperú es responsable de la remediación ambiental de la zona. Las labores de remediación –como es claro– incluyen el recojo del petróleo derramado; vergonzosamente, para esto se valieron del trabajo de niños y adolescentes awajún.

Hoy deseamos abordar las consecuencias del derrame desde el punto de vista de los y las menores sujetos a explotación laboral, en manos de una empresa que no mostró mayor preocupación por la integridad de seres humanos de entre 7 y 17 años, a quienes Petroperú pagó propinas a cambio de los enormes riesgos a los que los expusieron.

¿En qué condiciones trabajaron los menores?

Como se ha dicho, Petroperú pagó a niños, adolescentes y personas adultas, miembros de comunidades nativas awajún, por el recojo del crudo de petróleo derramado en la zona.

La empresa se valió del trabajo de estas personas, especialmente nocivo para los menores, sin siquiera garantizarles condiciones laborales mínimamente dignas. Los menores, al igual que adultos, recogieron el petróleo a piel desnuda, sin ninguna clase de instrucción previa ni recipientes adecuados para su almacenamiento. Mucho menos se monitoreó su estado de salud, antes, durante o después de realizadas las labores; todo ello por apenas un par de soles.

Es importante apuntar a que los niños y adolescentes son seres humanos en pleno proceso de desarrollo, por lo que sistemas biológicos se encuentran en proceso de maduración. Esto los hace especialmente vulnerables frente a agentes altamente tóxicos, como el crudo de petróleo, que podría generarles daños a la salud irreversibles.

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