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Latinoamérica

Un millón de niños son víctimas de la explotación del trabajo infantil en Bolivia

03-02-2014

La reforma del Código de Niño, Niña y Adolescente en Bolivia, que está en tratamiento en el Senado y que podría obtener sanción definitiva esta semana, puso en foco la situación de los menores de edad que trabajan en ese país. Dicho código consagrará distintos derechos laborales entre los 14 y 18 años, como aportes a la seguridad social, aguinaldos, remuneración de acuerdo al Código de Trabajo y una hora libre al día para estudiar por fuera del horario escolar.

Los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) dan cuenta de que unos 848 mil niños y adolescentes, entre los 5 y los 17 años puntualmente, son usados como mano de obra. Pero esos números son de 2008 y actualmente serían mayores. Organizaciones como Save The Children e incluso organismos del mismo gobierno de Evo Morales calculan que hoy en día la cifra supera el millón.

Durante diciembre, cuando la reforma era discutida en la Cámara de Diputados, Bolivia fue escenario de distintas protestas organizadas por niños, niñas y adolescentes trabajadores. No exigían el fin de la explotación de la mano de obra infantil, sino que pedían que se les reconociera su derecho a trabajar y que no se limitara la edad para ejercerlo. De hecho, proponían que el mínimo de 14 años para el trabajo legal fuera reducido, al menos, a los 10 o 12 años.

¿Cómo puede explicarse esta situación cuando la tendencia global es profundizar la erradicación del trabajo infantil? ¿Qué sucede en Bolivia? “Hay dos factores que lanzan a los niños al mercado laboral”, señala a Infobae el educador y sociólogo de la ONG Save The Children, Antonio Casas. En primer lugar, en los ámbitos urbanos pesan las necesidades socioeconómicas de la familia. “En muchas familias numerosas, los niños tienen que salir a trabajar”, indica. En tanto, en el área rural es más por factores culturales. “En la cultura aymara, la quechua o la guaraní, los niños trabajan a partir de los 7 u 8 años y se incorporan a las actividades que sus padres realizan. Se lo considera formativo”, remarca.

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