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Venezuela, en la categoría de país expetrolero

10-07-2020

El manejo de la industria petrolera en Venezuela, y su conexión con otros sectores productivos, ha sido un asunto en constante discusión a lo largo de los siglos XX y XXI. Aquella frase del escritor Arturo Uslar Pietri, clamando por la siembra del petróleo, ha sido una constante en el discurso público y político; sin embargo, el manejo de la industria como tal ha ido en dirección contraria a aquel axioma.

Sin datos oficiales de Petróleos de Venezuela (PDVSA), cualquier cifra que se tome de fuentes internacionales sobre lo ocurrido en junio en este sector es sencillamente alarmante. De acuerdo con datos de Bloomberg, el mes pasado se produjeron en promedio 422.000 barriles por día, Reuters calculó 350.000 y Platts aseguró que en realidad fueron 280.000.

Cualquiera de esos números, junto al otro dato de que en junio no hubo taladros operativos, aportado este dato por Baker Hughes, colocan a Venezuela en la categoría de país expetrolero. En 1998, antes de que llegara Hugo Chávez al poder, producía 3,2 millones de barriles diarios.

Nada de esto es nuevo, en realidad. En abril de 2003, a escasas semanas del llamado paro petrolero (diciembre 2002-febrero 2003), la revista SIC del Centro Gumilla presentaba una cruda radiografía del sector, el cual históricamente había tenido hasta hace poco la condición de motor principal de la economía en Venezuela. En aquella edición se publicó un trabajo de Osmel Manzano titulado “Petróleo: ¿Dónde estábamos?”.

Para Manzano el nudo gordiano en relación con el petróleo en Venezuela había sido (desde que se nacionalizó) y lo era, en aquella primera etapa de la Revolución Bolivariana, la ausencia de una perspectiva a largo plazo, generada por consenso y tras un debate, sobre qué hacer con el sector, dado el carácter estratégico que tenía (y sigue teniendo) en la vida nacional. La “falta de horizonte”, en su opinión era una condición recurrente en el manejo de la industria petrolera en Venezuela.

Para Manzano, en esos primeros años del siglo XXI, resultaba sintomática una visión diríamos que desfasada del mercado y la dinámica petrolera internacional: “El mercado petrolero no es el mismo de hace 25 años, cuando vivíamos las diferentes crisis de suministro”.

Uno de los cambios paradigmáticos ocurrió en relación con la demanda. A mediados de los 70, cuando estalla la primera crisis energética global, la demanda provenía principalmente de los países del norte (EEUU, Canadá y Europa Occidental). Tres décadas después, “la demanda de energía proveniente de países en desarrollo creció a una tasa casi dos veces mayor que las tasas de crecimiento de la demanda proveniente de países desarrollados”, puntualizaba el autor.

Junto a eso, de una demanda mayor de países en desarrollo, con economías más inestables, también se produjeron transformaciones en el campo de la producción, a lo largo del último cuarto del siglo XX.

De acuerdo con Manzano, “el mercado de la energía ha cambiado mucho y se han hecho esfuerzos por sustituir el petróleo por fuentes alternativas de energía o a hacer tecnología más eficiente en el uso de energía. Claramente, esto no quiere decir que el petróleo será sustituido por otras fuentes en el corto plazo, pero sí que el mercado hay que empezar a verlo como mercado de energía y no solo como el mercado de petróleo”.

Sobre la pérdida del peso del petróleo en la dinámica global, el autor del artículo ejemplifica: entre 1980 y 2000, la economía mundial creció en 75%, mientras que la demanda de energía global lo hizo en 57%.

Desde la óptica venezolana, resultaba imprescindible analizar el surgimiento de nuevos productores y la generación de nuevos espacios de producción en países con historia de producción. Manzano apuntaba en primer lugar la aplicación de nuevas tecnologías en la producción de crudo, lo cual ha permitido el incremento de la presencia del petróleo en el mercado.

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