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Abengoa depende del éxito de una nueva tecnología para evitar la ruina del negocio subsidiado de biocombustibles

06-08-2012

El  negocio de biocombustibles de Abengoa ha entrado en pérdidas, y tiene paradas la mitad de las plantas que producen bioetanol en Estados Unidos, donde se ha hinchado a ganar dinero gracias a las generosas primas habidas para subsidiar el combustible durante 30 años, hasta que en este ejercicio se terminaron ante la evidencia científica de que la producción de bioetanol contamina tanto o más que la de la gasolina, y el coste de 6.000 millones de dólares anuales para el contribuyente era insostenible.

El desastroso comportamiento de este negocio durante el actual ejercicio ha obligado a Abengoa a rebajar su previsión de beneficios un 8% para el ebitda, que se situaría en 1.200 millones de euros al cierre. La división de biocombustibles se prevé que pierda dinero, aunque no ha sido cuantificada la cifra. Aunque la multinacional española con sede en Sevilla ha justificado estas pérdidas en razón de la sequía estadounidense y las lluvias en Brasil, que han arruinado la cosecha de maíz, el cereal con el que trabaja para producir etanol, está claro que comienza a ser difícilmente justificable el apoyo a este combustible, cuando hay coincidencia también en que es una de las causas del encarecimiento de los cereales, y el consiguiente encarecimiento de la comida básica de los más pobres.

Abengoa confía en sacar adelante este negocio con una nueva tecnología, la de etanol celulósico, en la que está bien posicionada, con la cual se obtiene el combustible mediante el tratamiento de forraje, masa forestal y residuos vegetales, pero no grano, lo que la hace más amigable. La empresa ha desarrollado una pequeña planta piloto en Salamanca e invierte más de 120 millones de euros en una planta en Kansas, que debería estar produciendo a finales del próximo año. La compañía está haciendo ahora un intensivo lobby para que el Congreso de Estados Unidos no elimine los créditos fiscales sobre este tipo de etanol. Los lobistas de las cinco compañías que confían en operar con esta nueva tecnología, que no tendría enfrente a los cada vez más poderosos grupos de presión verdes, pidieron cinco años de prórroga al convenio fiscal que termina este año, pero los congresistas no retomarán el asunto hasta el otoño, aunque parece que lo aprobarán. La subvención que reclaman se sitúa en torno a un dólar por galón, que es muy alta.

Al margen de los subsidios, resulta muy importante para los productores de biofuel que se mantega la obligatoriedad de consumir un porcentaje de este tipo de combustible. El Congreso ha empezado a debatir una nueva ley agraria, y en ella los lobistas contratados por productores como Abengoa y dueños de gasolineras, pretenden que el Gobierno financie los equipos y surtidores nuevos para biofueles. Hay muchos congresistas que se niegan a apoyar esto.

Mantener la obligatoriedad de que una parte importante de la oferta de carburantes sea etanol es imprescindible para Abengoa. En 2007 se marcaron unas metas muy ambiciosas que multiplicarían el consumo de biofueles por 5 en un decenio. Este objetivo sólo se mantendrá si los productores son capaces de conseguir un etanol más limpio y sin procedencia de cereal, con la nueva tecnología. La semana pasada, una compañía tan poderosa como Cargill se unió a la petición de la Asociación Nacional de Criadores de Cerdos y otras dieciocho de pollos, conejos, pavos, lecheros, etc, de acabar con la obligatoriedad de mezclar gasolinas y gasóleos con biocombustibles, a los que acusan de influir muy negativamente en la subida del precio de los piensos. La batalla está servida, y en Europa se prevé un debate similar.

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