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Los Raventós inyectan capital en su singular negocio de ‘cultivo’ de diamantes para salvarlo

10-02-2012

Jordi Raventós Raventós, miembro de la amplísima familia propietaria de Codorniú, trata de salvar su negocio de “cultivo” de diamantes, Instituto de Monocristales, que adquirió junto a otro miembro de la saga, su hermano Lluis, cuando aquel se escindió del Grupo Tecnológica, la multinacional con sede en la Cartuja de Sevilla, que opera con la marca Alter Technology y que preside Fernando Franco Fernández.

El saneamiento del negocio pasa por una operación acordeón con una ampliación de capital de 6 millones de euros para paliar las pérdidas de esta singular compañía son sede en Carmona (Sevilla), uno de los pocos laboratorios existentes en el mundo para fabricar de manera sintética diamantes de las mismas características que los conseguidos en las minas sudafricanas.El propio presidente y consejero delegado ha asegurado a La Celosía que solamente se ha cubierto en parte la ampliación, necesaria para absorber las elevadas pérdidas cosechadas en los últimos años. Ya en 2008, la empresa tuvo que reducir el capital en casi 2 millones por los números rojos.

La familia es perseverante, como lo atestigua el hecho de ser los propietarios de la  multinacional española más antigua, ya que Codorniú tiene cinco siglos de historia en sus cavas. Jordi Raventós alega que los socios siguen creyendo en el proyecto y han mostrado su disposición a aportar nuevos fondos cuando se concreten nuevos proyectos, algo que esperan en el plazo de seis meses.“Hemos invertido mucho dinero y no vamos a tirar la toalla”, asegura el presidente de este laboratorio donde, a partir de cabello humano, se fabrican unos diamantes “exclusivos”, orientados hasta la fecha a la venta a través del mercado funerario.

Sin embargo, la supervivencia pasa por vender “en el mundo de los vivos”, según aclara el propio Raventós, quien describe la empresa como un laboratorio, muy ligado al I+D y al que la crisis ha obligado a intentar ganar tamaño y buscar en el exterior las ventas que ahora se le niegan en el mercado español. “Hay que dar el salto”, afirma.Con la ampliación, los Raventós pretenden vender los diamantes en nuevos mercados con recorrido para el lujo como Rusia, China y La India. Además, junto a otros mercados más maduros como Estados Unidos, prevén también desarrollar un producto único, diamantes rojos y rosas, inexistentes en la naturaleza, pero que sí pueden ser creados en laboratorio.

Los Raventós utilizan el cabello humano para fabricar diamantes. Primero extraen el carbono de que se compone el cabello humano hasta en un 50 por ciento. A continuación someten a este material a enorme presión y temperatura durante semanas. Todo el proceso, que imita las condiciones bajo las cuales se crean los diamantes en la naturaleza, puede ser observado por el usuario a través de cámaras web. Finalmente, envían la piedra a Rotterdam para su tallado.El resultado son unas piedras cuyos precios oscilan entre los 1.225 euros y los 18.000 euros, en función del tamaño, “más caras” que los diamantes naturales al ser un producto “exclusivo”, señala.

Presentes en España, Portugal y Brasil, los Raventós pretenden ahora importar a España una experiencia que fue desarrollada el año pasado en Brasil, donde la empresa vendió con éxito diamantes verdes compuestos a partir de la hierba que cubría el campo donde el Santos, un equipo de la liga brasileña, se proclamó campeón en 2011 de la Copa Libertadores, el equivalente a la Champion’s europea.Además, la empresa también quiere potenciar el negocio con fines industriales, donde los diamantes se utilizan como instrumentos de corte en la fabricación de brocas para taladrar el fondo marino, así como en la construcción de placas para láser.

En 2011, las ventas de la empresa ascendieron a 150.000 euros, según cifras facilitadas por su presidente, que participa en la empresa a través de Troino Business, junto a otro miembro del clan, Oriol Raventós Andreu.Otros accionistas participan en el capital social de Instituto de Monocristales, que en 2011 vivió el relevó como consejero de uno de sus socios fundadores, Luis Martínez de Carvajal, hijo del fundador del detergente Persán, sustituido en ese puesto por Oriol Raventós. En sus inicios, en 2002, la empresa contaba con Grupo Tecnológica como accionista mayoritario (70%) y otros accionistas como Jaime Benjumea, el Instituto Andaluz de Tecnología y Ramón Martín Parrondo, el creador de la idea. La empresa recibió un millón de euros en concepto de ayuda pública por parte del CDTI, el IFA y el Ministerio de Industria.

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